Carta II: 'El siglo de mayor información es también el de mayor confusión'
Respiramos un tiempo en donde cada dato se multiplica por segundo, donde cada pensamiento parece ya haber sido dicho, donde el saber es medido por la velocidad en lugar de la profundidad. Entre tanto ruido hemos perdido un bloque de nuestro adn: El alma del conocimiento... no, no tiene relación alguna con ser intelectual o poseer una capacidad cognitiva fuera de serie.
La iluminación suele nacer de las sombras, las sustancias en la masa nos alimentamos de comida de baja calidad en nuestras pantallas, evitando el silencio y evitamos ver adentro, una sociedad experta en formar una opinión detallada acerca de la materia que sus ojos ven pero poseemos una identidad perdida e ignoramos el eco que las preguntas propias.
El océano de información nos rodea y pocos saben nadar, es más sencillo ahogarse en certezas prestadas ... Y en medio de este naufragio de datos y carencia de veracidad las materias imperfectas ven hacia otras materias, aquellos sueñan, mientras que aquellos que tienen el valor de mirar hacia adentro despiertan. Pero, ¿Como despertar si hemos entregado las llaves de nuestra mente voluntariamente con notificaciones y títulos? ... Somos tan hábiles en repetir las ideas en el guión de alguien más pero carentes de competencia en encontrar las nuestras. La sombra que solía ser en otro tiempo un territorio de introspección, hoy lleva el disfraz de algoritmos que ocultan y dañan la identidad propia ... En medio del teatro de luces artificiales se oculta muy en el fondo de la oscuridad, ahogado casi por completo el aprecio por lo sencillo, lo cotidiano ya no basta, el silencio incomoda y las pausas se interpretan como una falla incluso por quiénes dicen tener la verdad. Nos enseñaron a desear lo que brilla pero en su interior es una materia corrompida. Alimentamos nuestras mentes como quién llena su carro de compras sin consciencia, creyendo que posee la libertad de elegir entre el producto definido A o el producto definido B, ahogando por completo el amor por lo sencillo no determinado por los parámetros sociales, sino una elección pura y no condicionada. Acabamos en este campo cultivando ansiedad disfrazada de productividad, soledad validada por likes.
Corremos por todo lo que se consumirá bajo el sol, viviendo una ilusión, un guión escrito por alguien más empaquetado como libertad. Compramos la idea de que elegir entre mil opciones es lo mismo que ser libres, pero es un disfraz sin consciencia que solo es ruido en forma de elección.
Más aún resisten quiénes sacan provecho de una conversación sin prisa, de un tiempo de lectura sin interrupciones, escribiendo para si mismos, meditando acerca de sí mismos, son los que se permiten caminar con libertad interior, sin condicionarse por el ahora, sin angustiarse por el mañana, aquellas materias que deciden coexistir en equilibrio con la voluntad del universo. Las mismas materias que no condicionan su paz mental con likes, son quiénes no miden su vida por cuanto hacen sino por lo que vale para sí mismos.
Resisten quiénes se detienen en el tren de la vida a simplemente disfrutar del viaje, a ayudar a otro pasajero sin recibir recompensa, a valorar su asiento sin importar su material sin ladrar al constructor, sino que busca los materiales y lo repara como deseaba. Ellos son quiénes entienden que el pensamiento profundo no es un poder intelectual sino una necesidad para no beber la taza del simulacro.
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