Carta I: 'Los que miran al horizonte' | Cartas al universo

San Felipe, 27 de julio de 2025

 Desde un punto específico del tiempo, observo cada acto y omisión con tristeza y melancolía a los hijos del carbono y la contradicción.

Han descifrado fragmentos de leyes fundamentales, curvando la luz y escuchando el eco del progreso del tiempo, en donde cada acto y omisión queda registrada en el cosmos. Donde han levantado muros con ideas que corroídas en su interior, detonando guerras en la consciencia, como estrellas que por mero capricho explotan con violencia. Su fuego no ilumina. Aveces lo usan para no ver. Y así, hemos de alcanzar sin temor un punto crítico en la propia entropía: un desorden social que se esparce como radiación, donde la energía se diluye en polarización, miedo y egoísmo. La cohesión se desvanece como una estrella al final de su vida, que se enfría y se agota lentamente. No por falta de conocimiento ni por falta de poder, sino por exceso de arrogancia y ausencia de cuidado. 

Hay un daño hecho, una enfermedad en el corazón de la especie en el punto actual de entropía: Es la codicia que contamina, la indiferencia que calcina, la violencia que se hereda como apellido.

Pero siempre que sigamos aquí, hay una luz de esperanza. Cada expresión registrada por las vistas o por el único ser, sin interés en una retribución que satisface la conciencia, sino que el bien común resulta como una supernova de bondad que desafía la entropía moral. Cada mente que se abre, como lente telescópico, amplia la consciencia colectiva. El universo no exige a nuestra especie perfección, más bien suplica responsabilidad.

Conservarse no es resistir: es transformar. No se trata de sobrevivir a sí mismos o al resto de individuos, sino que reconciliarse con lo que nos hace humanos. El problema de errar el camino es que no se ve hasta que es tarde y se avecinan consecuencias, pero podemos elegir volver al punto en que nos perdimos y retomar el camino correcto, porque somos el experimento más fascinante de la materia: polvo de estrellas, capaces de sentir culpa, de cambiar de rumbo, y amar más allá del tiempo, más allá del espacio, como tales dimensiones que podemos percibir. Cuándo el amor resulta ser algo mucho más alto de lo que podemos percibir, es más grande que simple apego, es una constante que cumple el universo y se extiende a nuestra especie. Es una variable invisible que mantiene la cohesión cuándo todo parece dispersarse, por lo que en su núcleo permanece  esperanza. No en el cálculo se halla la esperanza, sino en la convicción que desafía el caos y permanece en plenitud.


Ricardo,

Mundo Espiral.


Créditos de la imagen: 
https://medium.com/the-long-and-winding-road-home/entropy-and-the-return-to-the-one-3c332931f97c

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